Por: Manuel Neira Sánchez

¿Nos encontramos en pleno siglo XXI ante el retroceso de los derechos y libertades ciudadanas logrados con tanto sacrificio durante siglos o estamos en el umbral de la imposición, nuevamente, del autoritarismo o autocracia como formas de gobierno solapado en estructuras democráticas?

En estos momentos quizá sea importante reflexionar sobre la importantísima función que cumplen los periodistas y medios de comunicación en defensa de los derechos fundamentales, la libertad de expresión y representación ciudadana.

Dada la evidente influencia del periodismo en la sociedad, se ha desarrollado una deontología profesional constituida por una serie de normas y deberes éticos -ética periodística-, que guían la actividad del periodista. Dichos códigos deontológicos postulan la independencia de los medios respecto a los poderes políticos y económicos.

Diversos tipos de periodismo (turístico, científico, cultural, económico, deportivo, guerra, político, social, literario, investigación y otros) convierten a los periodistas en servidores públicos de la ciudadanía; esta circunstancia les da total autoridad democrática para ejercer la noble profesión del periodismo.

La importancia de los medios de comunicación radica en que trasladan contenidos de información, de forma inmediata, a amplios núcleos de población en diversas partes del mundo por lo cual cualquier periodista o empresario dedicado a la comunicación debe tener en cuenta que, tanto él como su empresa, al difundir información son estos, directa o indirectamente, formadoras de opinión en un amplio segmento de la ciudadanía.

El periodismo y los medios de comunicación conforman el cuarto poder, pero éstos, en reiteradas ocasiones, son manipulados, con propósitos inconfesables, por grupos poderosos, con el objeto de socavar pilares fundamentales de la democracia en connivencia, en muchas ocasiones, con periodistas sin escrúpulos que se prestan a desinformar y manipular a la ciudadanía.

Cuando dichos medios son utilizados por grupos de presión, sean públicos o privados, estos influyen en la conciencia colectiva de importantes capas de la sociedad, normalmente menos preparada culturalmente, arrastrándola a situaciones verdaderamente conflictivas en detrimento del bienestar general.

Los ciudadanos tienen derecho a una información veraz, pero, en muchas ocasiones, se publica o emite, en medios de comunicación escritos y audiovisuales, comentarios u opiniones sesgadas, con un desconocimiento irritante sobre diversas aéreas del conocimiento por parte de periodistas, columnistas, analistas políticos y otros impresentables de turno.

Ciertos profesionales, debido a causas de fuerza mayor y ajenas totalmente a su voluntad, se ven abocados a seguir la línea editorial que ciertos medios de comunicación les imponen, por razones ideológicas o de otra índole.

Asimismo, se observa la proliferación en los medios de comunicación de responsables de los poderes públicos que, ajenos a la realidad del país, intentan medrar a toda costa dividiendo y confrontando a la sociedad en su conjunto con el único objetivo de mantenerse en el poder y enriquecerse miserablemente.

Estos comportamientos dañan la imagen y profesionalidad de infinidad de periodistas honestos.

Es de destacar que gran parte de la información la publican verdaderos profesionales del periodismo trasladando a sus lectores información crítica y veraz. Muchos de estos honrados y valientes profesionales, lamentablemente, en demasiados países, son amenazados, perseguidos y asesinados por poderes fácticos de cualquier índole.

Estos profesionales del periodismo, de cara a la opinión pública, merecen el mayor respeto y consideración de los ciudadanos de bien y es responsabilidad de todos el que puedan continuar abanderando en el mundo, en primera línea, la defensa de la democracia y libertades ciudadanas.