Descendiendo de las cumbres del poder, tras haber salido elegida popularmente como gobernadora de su pueblo, la protagonista quema sus últimas papeletas entre los fogones de un juicio elevado a los tribunales, con un asunto absolutamente particular. Íntimo. Identitario y podría mantenerse en el absoluto fuero de lo doméstico. Pero recorran este camino y lo descubrirán todo, fácilmente. Advirtiendo que nada es ficción o nuestra creación, sino resultado de más de una veintena de relatos dados a modo de declaración en documento público de un largo expediente.
Se refiere el concepto identitario a la representación mental de lo que la persona es y aspira a ser. Se basa en el sentido de trascendencia, de identidad y de valores, según lo define la Real Academia. En un libro de 50 cumplidos, se reafirma a lo largo de casi 400 páginas en eso y más. Cuando se escribe, sobre todo la historia propia, los hechos y las cosas brincan en su propia dinámica. Cuando se dicta, el susurro de las palabras puede hacer pasar inadvertidos algunos detalles y quizá por eso, ese del origen materno, pudo quedarse entre el tintero.
Comenzaría (podría ser) como aquellas historias de “érase una vez”… una princesa que soñó y todo lo alcanzó: bebió del “aguadulce” con aroma de café y se confesó hija de …; Pero todo el expediente ante tribunales alega que peleó por apropiar la maternidad de su hermana y padre … conocido. Arranca con el imaginario de superación personal y siguen relatos sobre el otoño de su vida, su niñez llena de coraje, la infancia con sabor a leche con pan y queso llevando al mosaico de su vida que cobija hermanos y hermanas, Miguel Darío Arbeláez como el papá que escogió. Vierte lo que algún autor rotuló como el pulso permanente de la vida con la muerte, Alma de Bambú, La Goterita Ecológica, Aguapanela caliente para el alma y sublime amor juvenil.

Nada habría hecho pensar o insinuado siquiera, que libraría batalla con decenas de testigos del vecindario, quienes declararon bajo la gravedad de juramento haber sido azuzados, heridos por algo más que saetas verbales o pasquines amenazantes, acusaciones, de todo lo cual ahí se dice que fue falso Por eso corrió y sigue su tránsito el proceso sobre abuso de condiciones de estado inferior, en concurso con falsedad que ensombrecen ese paisaje de inicio evocador de luceros, dulces de campo y abanicos de poderes usados en sus causas. Lo dirá la justicia y particularmente el Juzgado 8º. Penal del Circuito, en su oportunidad.
Discurre entre pasajes recordados por lugareños de visitantes repentinos o incluso familiares de reconocidos apegos, que abrieran tribunales particulares para inducir, exaltar, inquietar y señalar culpas improbadas.
Alegatos de quien pretende más confundir que esclarecer como lo expresan en desfile agregado, trabajadores y operarios del lugar, para pretender nuevos alegatos, dignos de ampliación de testimonio. ¡Si las piedras hablaran! O las piezas y los pasillos, los jardines o las fuentes de toda esa inspiración lugareña de la Santa Rosa de Cabal campestre y bondadosa, que impregna autenticidad desde relatos en su finca La Italia o –casi en el escándalo– hasta los arañazos a una urna de cenizas por una difunta célebre del lugar, quien cuentan fue llevada a la desesperación y a llantos, resistiendo interrogatorios en vida, que no pudieron ni entonces, ni después, develar la verdad tan exigida… Los reclamos iban desde maltrato verbal hasta denuncia de supuestos acosos sexuales contra cocineras, enfermeras y demás operarios involucrados en la pesquisa. Uno a uno, iban siendo desmentidos en ese cruce testimonial, juiciosamente acopiado en el mamotreto distinguido con el número 66000003620215049, que es Radicado del J 8º. P. C.

Comparecieron más que declarantes, refrendatarios de escenas hechos y dichos dignos de telenovela lacrimógena, pasando desde trabajadores del campo, operarios y personal de la salud que atendían en la Italia de aquellos días. Como un botón para la muestra, publicamos parte de uno de los testimonios rendidos por uno de los actores de mayor relevancia en el caso y se pregunta a Miguel Darío Arbeláez Mejía si en algún momento sostuvo alguna conversación con Elsa Gladis en donde usted aceptara ser el padre de ella. “No nunca, yo siempre desde un comienzo le dije que yo no soy su papá, y como lo dije antes Elsa Gladis no tiene por qué ser hija mía, ni de Lucerito, por donde uno lo mire, eso no cuadra. Ni por la edad de ellas y cuando dice ella que Lucerito la tuvo, yo no conocía a Lucerito.
Además ha dicho también que Lucerito había reunido a toda la familia Arbeláez y Cifuentes para decirles el gran secreto guardado por cincuenta y seis años y eso también es mentira. Nunca pasó… (Entrecomillado extraído del Documento copiado con CamScanner, del expediente original citado arriba.

























