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Mi cuento de los "pobres cafeteros" Por Gabriel Angel Ardila
“A este tigre le arrancaron los dientes”, dijo el ex ministro Rudolf Hommes en nota editorial de
El asunto no tendría más trascendencia que la puja por un puesto, nada despreciable por cierto. Sirve para meter diente a la verdadera crisis cafetera, que aquí dilapida su equilibrio como gremio. Empobrecido con el deterioro económico colombiano, está demostrando además la equivocada decisión histórica de partir cobija y pretender escribir por separado la historia del territorio en tres departamentos inviables sin café.
Acaba de confesarlo públicamente el gobernador de Risaralda, con no poca valentía y sin pisca de ingenuidad como pretenden explicarlo algunos después que Víctor Manuel Tamayo se confesó con periódico local. Este es un departamento que no es rico y hay pobreza por todos lados, maximizada con la acumulación de cinturones de miseria en sus principales municipios, amén del éxodo desde poblaciones rurales, de cafeteros quebrados y advenimiento incontrolable de familias desplazadas por la violencia del país, reconoció. Duélale a quien le duela esta es una verdad apabullante.
DE CAFÉ A OSCURO Se cayó la tesis de prosperidad en cada uno de los departamentos con el desplome del ingreso cafetero. La quiebra económica de cada uno se puede ver en cifras sectoriales de los últimos 30 años. La miseria de los cafeteros empezó a notarse en la actitud de directivos de Pereira. Negaban hasta una llamada por teléfono a la emisora. Omitían transmitir un mísero fax a la revista en donde se les daba vitrina. Años después nombraron al jefe técnico como director para seguir ahorrando. Omar Acevedo es buen tipo, pero sigue administrado la pobreza de estos otrora generosos y amplísimos productores que habían cooperado con escuelas, financiado postes de la luz y alambradas para llevar el servicio o hasta pagado y hecho muchas de sus vías pueblerinas.
Al final del siglo XX los cafeteros ya no eran los primeros, ni gozaban de uno de los mejores niveles de vida entre los empobrecidos pueblos colombianos. Sus miserias se hicieron evidentes en la marginalidad de sus comarcas. De hecho el 3 de julio de 1989 marcó el cenit de la tragedia que desde los escenarios internacionales se cernía sobre los cafeteros.
Comenzaron el siglo XXI consagrando mamertos de facciones izquierdistas como sus combativos voceros. Hasta eligieron senador vehemente y oposicionista con discursos mendicantes, donde dramatizaban sus pérdidas, para exigir subsidios y retorno de favores del gremio al resto de la economía.
En realidad estos pobres exhibían al comenzar el siglo franjas de extrema pobreza en sus principales ciudades y “urbanizaciones” eufemísticamente denominadas “Bosques del Otún”, como una montada con ranchos de guadua, latas y cartones en la margen del río después que habían renegado de la franja que se estableciera por la vía a Dosquebradas y cuya “mancha” de pobreza fue erradicada por una corporación ambientalista 25 años atrás.
SINTOMAS DE La pobreza cafetera no fue una maldición. Ni consecuencia inocente de sus prácticas. Se la buscaron trampeando mecanismos de provisión con herramientas parafiscales sabiamente diseñadas por otrora brillantes dirigentes como Arturo Gómez Jaramillo y mediocremente defendidas por sus sucesores. Jorge Cárdenas crió a uno de los principales opositores de la estabilidad de las políticas cafeteras. Su delfín realizó su trabajo desde un gremio disfrazado de “académico”. Luego, desde un Ministerio. Salió de escena como ‘eminencia gris’ de cualquier institución a la que el aún poderoso ex “zar del café” pudo presionar.
Declinó definitivamente el poder cafetero en manos de una medusa que con su silbido adornó las delegaciones externas de
Sus fincas antes engalanadas por árboles frutales que daban sombrío, perecieron ante las inclemencias del tiempo. Estaban condenadas a desaparecer desde cuando la vehemencia de los viejos impuso la sentencia a todos sus hijos: “estudie si no quiere devolverse para la finca a recoger café”. Maldición que se les cumplió. Parecía una negación tan persistentemente voceada, que resultó cierta.
Las parcelas fueron decoradas con piscinas y otros lujos propios de algunas facciones mafiosas, sin pasar de esos intentos de refugios para turismo de alquiler, pues ni siquiera resistían para escenarios de paseos familiares. Las nuevas generaciones se educaron en el empeño de alejarse, lo más que pudieran, de fincas, con el temor de caer en la sentencia de sus viejos: ¡a coger café!
Sólo quedaban mujeres, los poco estudiados, los menos avivatos y malos negociantes y –de ñapa– también tardos cultivadores. Pobres cafeteros.
Uno de los pocos hombres lúcidos paridos en estas tierras advirtió a un periodista, cuando lo vio en plan de acomodarse en su terruño: “No sea que te paguen tan mal como a mí, pues aquí, lo que uno no puede es darse el lujo de decir la verdad. Haga lo posible por ablandar su discurso, si quiere sobrevivir”, advirtió delante del director de periódico en Pereira, Hernán Vallejo Mejía poco antes de morir. Fue ministro de Agricultura y bregó por otros cultivos, diversificar y fortalecer ganadería de la que se volvió experto, convencido de que la batalla y el monocultivo de sus ancestros ya eran guerra perdida, décadas antes de empezar su declive.
OBREROS IMPORTADOS Y ya no solo los dirigentes, sino finqueros comenzaron a mostrar peladuras visibles en laboreo y cosecha. Tenían que armar verdaderas romerías de recolectores y clamaban por trabajadores del Tolima, o del Magdalena Medio o hasta de
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Gabriel Angel Ardila
"Vi sus ojos negros, saltones y penetrantes que cuestionaban hasta mi propia existencia, su tez morena, su cabello aindiado y en general todas sus facciones me recordaban la policía de Pinochet Trujillo, Somoza o cualquiera de tantos dictadores latinoamericanos. El funcionario abrió su boca y de ella salió una lengua bifida que se movía como la de cualquier serpiente...Su cabeza se elongó hasta llegar a mi cuello donde enterró sus colmillos líenos del peor veneno contra el cual ya sabía yo que no existía suero antiofídico alguno.

Lo de Comfamiliar es más complejo de lo que todos hemos creído hasta ahora. No se trata simplemente de que una persona con un pasado empresarial cuestionado y una marcada participación en política, ingenuamente pretenda hacerse elegir Directo Ejecutivo para quedarse con una de las posiciones burocráticas más codiciadas del departamento.



El conservatismo es la fuerza ideológica mejor estructurada del país, ahora comienza a mostrar en todas partes su vocación de poder. Cuando se creó el departamento de Risaralda, teníamos dos Senados y tres Cámaras y existía una aparente división creadora, comandada por los condotieros Emiliano Isaza Henao y Jaime Salazar Robledo.
Estaba hace un tiempo bien contento, disfrutando de la celebración de un nuevo aniversario de la adopcion de una muy buena disciplina de vida basada en la creencia en un Poder Superior a mí mismo, y en la que me comprometí con un cambio radical en mi manera de pensar, sentir y vivir, cuando me llegó la noticia de la triste partida de ese gran personaje Cartagenero, el destacado médico, Dr. Carlos Barrios Angulo, padre de ese excelente caballero, Diego Barrios Lequerica, a quien desde que conocí ha sabido ser para mi un amigo de verdad.



