
Varadero
La Habana, una mágica historia
patrimonial de cultura, sol y mar
Para muchos, Cuba es quizás uno de esos lugares en el mundo, que por su condición política, estilo de gobierno y hasta estigma, podría ser descartado, o mejor, ni siquiera ser tenido en cuenta a la hora elegir un destino turístico, de descanso o mucho menos de negocios.
Por: Osvaldo Parra Ponce / Enviado especial / La Habana
Sin embargo, una cosa es lo que pensamos quienes estamos en la otra orilla, a miles de kilómetros de allí y nos desarrollamos en otra forma de vida, y otra cosa bien distinta, es la realidad vivencial una vez se pone un pie en territorio cubano.
Debo reconocer que por mi mente jamás pasó interés alguno de visitar esta isla de más de 110.000 kilómetros cuadrados, pero también tengo que aceptar, que una vez que se ingresa al aeropuerto internacional “José Martí” de La Habana, se comienza a sentir en el ambiente toda una magia de historia, de cultura, de son, de bolero, de playa, de sol, y hasta de contagio de revolución.
El sólo hecho de estar parado en cualquier punto de La Habana, capital de la República de Cuba, hace que el muro de la revolución caiga automáticamente para presentarle al visitante una ciudad de cerca de 500 años de historia, rica en variedad arquitectónica, moderna en vías e infraestructura, amplia en cultura, música y arraigo, pero ante todo, colmada de gente amable, bella y alegre, que es feliz con lo poco o mucho que tiene y que se esmera por hacer sentir bien a quien los visita.

Bien lo decía un cubano: “Las ciudades son para leerlas”, pero para leer y entender a La Habana, se requiere de mucha comprensión, de gusto por lo tradicional, de sencillez por lo habitual y de mucha emotividad para degustar todas sus facetas.
La Habana amable y romántica, la de los atardeceres, está localizada sobre el malecón, una gran vía para carros y peatones, que partiendo desde el fuerte tiene más de 13 kilómetros de brisa y mar a lo largo de una de las bahías más grandes y seguras de América y del mundo, que tiene forma de bolsa y que se introduce tierra adentro lo que le confiere seguridad a los barcos que acoge.

Las Terrazas
La Habana tradicional, la de los barrios pintorescos de calles estrechas, la de música, ron y cotidianidad, localizada en el sector conocido como Floridita, es exactamente esa parte de la ciudad donde el son cubano se enorgullece en los oídos de los turistas; donde el particular sabor del mojito (Trago tradicional a base de ron blanco) se convierte en bebida de dioses; y donde el humo del habano, ese que fue fabricado con todo el esmero cubano, se materializan en un todo elevando a propios y extraños al nivel de cubanos de verdad.
Pero también está la arquitectónica, cuya variedad de estilos góticos y de diversas vertientes europeas se revelan en cada cuadra y esquina a través de desteñidas edificaciones, dando un testimonio de olvidada riqueza, condición que a pesar de todo permitió que su casco histórico haya sido declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Javier Muñoz, Hernando Arciniegas, Yuli Sánchez y el coronel Fabio Sánchez en plena Plaza de la Revolución.
No es extraño transitar por La Habana y toparse con una replica exacta del capitolio de Estados Unidos o de la Quinta Avenida, o inclusive, con una vista similar a la de los Campos Elíseos en Paris, todas ellas marcadas por ese sello singular de carros antiguos y de guaguas (Buses) repletas de cubanos.
Sin embargo, es La Habana cultural la que por encima del sol, la playa y el mar está ganando los mayores adeptos, no sólo por la cultura propia de la isla, de autenticidad musical y cuna del son y del bolero, sino por la inmensa variedad de eventos de talla internacional que se toman teatros, hoteles, parques y avenidas.
Cuba y su ciudad capital son sedes del Festival de Ballet de La Habana, el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, El Festival Jazz Plaza y El Festival Internacional de Guitarra Leo Brouwer, entre muchos otros eventos promovidos por entidades estatales, que han entendido que la cultura no es sólo fuente riqueza intelectual, sino también un oasis de turismo, y por ende, de divisas dejadas por los visitantes.

Fabio, Iván, Toño Pueblo, Patricia Zorro y Oswaldo en Varadero
Hablar de esta ciudad sin referirse a La Habana show de espectáculos y rumba, sería una crasa equivocación, ya que allí en ese pedazo de isla también se asientan la plasticidad del colorido rítmico y la danza internacional de cabarets de talla mundial como Tropicana y Parisien, este último en el ícono del turismo cubano, como es el majestuoso Hotel Nacional.
Sin embargo, es la parte más vieja de la ciudad donde está representada esa parte de La Habana que ningún guía turístico, ni plegable alguno la invocaría. Allí es donde se palpa la Cuba del pueblo, la Cuba que siente y sufre, la Cuba que ningún dólar o euro quiere recordar, es allí donde se vive precisamente, la Cuba de los cubanos rasos que sueñan con el beisbol, que se embriagan con su propio ron y que esperan con expectativa giros importantes en sus sistemas de vida.

Oswaldo Parra, danza al son de la música cubana que fue orgullo de Polo Montañez. Se aprecia el conjunto del cantante fallecido.
Cubita la bella Cubita, una isla de encanto que tiene todo para convertirse en potencia turística, histórica, cultural y patrimonial a nivel mundial; una isla que a pesar del bloqueo, del estigma y de sus necesidades no se rinde a conservar sus tradiciones, y que cada día, con la temprana aparición del sol que ilumina incesantemente sus arenas, bosques y cultivos, emerge ante el mundo como una República única, sin igual y de contrastes, que para entenderla, hay que leerla caminando cada una de sus calles.

El periodista Oswaldo Parra, el gerente de alojamiento, Lázaro Farías López y Javier Muñoz, acompañados de la modelo cubana.

José Fernando, entrevista a la cantante y primera voz del conjunto de Polo Montañez durante su visita a Las Terrazas.
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